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HACEDOR DE SUEÑOS

HACEDOR DE SUEÑOS



Utopía. El juego era sencillo, nos encontrábamos el primer
partido del campeonato, siempre en el mismo lugar, detrás del arco, arriba de
todo, en la cabecera de Fani, el Opa, el Pato, su viejo, el mío, más Pablo, más
Ferrum, el ascenso era largo, pero nosotros debutábamos soñando, difícilmente
Julito y Julio César lo puedan comprender, nosotros soñábamos que ese
campeonato ascendíamos, que el siguiente salíamos campeones y que en dos años
jugábamos la Libertadores, lo decíamos en voz alta, pisándonos, vértigo de
sueños en cascada, después reíamos, nos reíamos de nosotros mismos, de nuestros
sueños…



Era el Pelusa de Versalles, rubio y con el pelo finito, un
pibe lindo, jugaba en la calle, en la vereda, entre los árboles, dos contra dos
un cabeza a quema ropa, antigua y clásica iniciación para nueves de área y
arqueros temerarios, valía pegarle de volea o pararla de pecho y salir jugando,
lo ideal era cabecear hacia abajo, para que pique y en alguna baldosa floja, en
algún yuyo rebelde, se desvíe la intuición del arquero. Pelusa usaba los
guantes de trabajo de su padre y sus increíbles reflejos, ahí entre los árboles
ya soñaba con atajar en Primera. No había horario, se jugaba toda la tarde,
hasta que la vieja llamaba a comer o su padre, Julio César, le pedía una mano
con los vidrios…



Julito arranca temprano, seis y media suena el despertador,
y treinta y cinco su madre prende la luz, y cuarenta su padre da el ultimátum
mientras se pone la camisa. Pasará el día en el colegio, doble turno y bilingüe,
a la tarde recién sale. Dos veces por semana lleva la ropa para ir a la
escuelita de fútbol, los botines, el short y la camiseta de Banfield, una hora
y los sábados a jugar el partido. En la escuelita hacen físico, con conitos,
escaleras, saltos, pesas, todo a imagen y semejanza de los futbolistas
profesionales, a veces llevan un nutricionista, a veces un psicólogo. A un
costado, su padre lo mira y saca cuentas, las que tiene que pagar, la tarjeta,
el teléfono, el cable, cuenta y sueña, si el pibe llega…



Realidad. Pasamos años haciendo la misma broma, a veces el
sueño pareció comenzar a cumplirse, el ascenso del ’87, el del ’93, el del ´01.
En el 2003 se empezó a hablar de dar un salto de calidad y lo trajeron a
Falcioni que venía de hacer una buena campaña con Olimpo. Nosotros ya no
hacíamos bromas, ni campeonatos, ni Libertadores, ya éramos lo suficientemente
grandes como para conformarnos con no sufrir por el descenso. Falcioni hablaba
de cambiar la mentalidad y de entrar a alguna Copa. La verdad que parecía joda…



“Pelusa, ponete los guantes, el vidrio es jodido, las
astillas ni se ven, si se te clavan vas a andar con las manos hinchadas diez
días. Alcanzame la escuadra, la fletcher, la pinza. Cuando crezcas te voy a
dejar cortar, por ahora ponete los guantes, haceme caso, que si tu madre te ve
empieza a rezongar. No viste la boca de pato? El vidrio es duro y frágil,
transparente, como un arquero. Dale que terminamos y te vas a jugar a la
pelota. Acordate que no hace falta llegar primero para ser el número uno.”
Pelusa empezaba a entender cuando tenía que salir y cuando quedarse entre los
árboles. “¡Ponete los guantes!” Pelusa pensaba en los guantes de Marín, en el
arco de Velez…



Julito sueña con ser Messi, en la escuelita agarra la pelota
y encara con velocidad, a veces pasa, a veces el técnico le pide que la pase,
que juegue con sus compañeros, el padre le dice que la haga siempre él, que
para qué se la va a dar a otro, que la juegue él, que se la juegue solo, que
juegue en serio. A Julito le pesa un poco el sueño de ser Messi. Una pelota
queda dividida, Julito pierde, desde las gradas la voz de su padre llega
enardecida por sobre el murmullo, las cuentas no le cierran. “¡Si querés ser el
número uno tenés que llegar primero!” Julito comprende que esa noche será
inútil pedir la Play…



Primer sueño. 64 puntos, terceros, el primer golpe en
Liniers, justo contra Velez, 3-0, era el equipo de Bustos Montoya y Cervera, de
Raponi y Omar Perez, seguía siendo de Garrafa, empezaba a ser de Falcioni. Nos
fuimos de copas. Sudamericana. Libertadores, ese mismo año fuimos Subcampeones
del torneo local con los pibes: Barbosa, Civelli, Paletta, Dátolo, Armenteros y
Cvitanich, no era broma, podíamos soñar, el fixture nos llevaba a Lima,
Caracas, Monterrey, a octavos en Medellín y a cuartos en Nuñez, con Bilos y
Palacio, en la ida del planchazo del Cebolla a Mascherano, en la vuelta del gol
de Cevallos que nos daba el pase a semifinales… Nos despertamos.



Pelusa, a los 17 años empezó a integrar los planteles de
primera, sus viejos lo bancaron siempre. “Vos hacé lo que te gusta y cuando
puedas me das una mano con los vidrios.” Estar con los guantes puestos era su
estado natural. Debutó en la primera de Velez en 1976, todavía eran tiempos de
churrascos, atajó cuatro años en el Fortín, pasó a ser el Gato, le atajó 2
penales a Diego y cuando estaba para la Selección se fue a Colombia. Con
América de Cali ganó 5 campeonatos seguidos, hizo 5 goles de penal y llegó a
tres finales de la Libertadores… Se despertó.



Julito sueña con jugar en Primera, salir campeón, llegar a
Europa. Va a la cancha con los amigos de la escuelita de fútbol, tienen un
sueño colectivo que me recuerda a nuestra vieja broma. Miran a Remedi, a
Cecchini, a Rodriguez… “El año que viene ganamos la Libertadores”, dicen y
sueñan en serio, saben que su sueño puede empezar a cumplirse en Banfield, en
el Banfield de Julio César…



Segundo sueño. Se lo llevaron a Independiente. Volvió para
ser campeón, con el Laucha, con Mendez y López, con James y Ervitti, con
Papelito y Silva, quince partidos invictos, la valla menos vencida, el goleador
del torneo, ganándole a River, a San Lorenzo, a Independiente, ganando el
clásico y dando la vuelta en la Bombonera. No podíamos despertarnos, el sueño
se cumplía. Lloramos. El Pato recordó a su padre, Falcioni al suyo, vimos a un
tipo duro y frágil, transparente, como un vidrio… Alguien paga para que el
sueño se interrumpa, se lo llevan a Boca, ya es el Emperador…



Tercer sueño. Julio César Falcioni vuelve a Banfield, vuelve
Cvitanich, vuelve Civelli, vuelve Dátolo, los pibes que él hizo debutar en el
primer sueño, Julito, desde la tribuna, no puede contener la emoción, se
imagina dentro de la cancha, respaldado por la confianza del DT. Volvemos a la
Fani, está el Pato y su viejo, está el Opa, está Pablo, mi viejo, Ferrum. Un
pibe, al que le dicen Pelusa, defiende el arco, jugamos un juego sencillo, en
medio del sueño soñamos, ganamos la Libertadores, en Brasil, nadie se ríe,
nadie piensa en utopías, todos confiamos en Falcioni porque él es nuestro
hacedor de sueños.



Por Sergio Ariel Caracciolo



(La entrevista a Julio César Falcioni realizada para esta
nota fue hecha en colaboración con CABE110, de http://www.cabe110.com.ar/ se
tomaron los dato y estadísticas utilizadas dentro de la misma)



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